Ruta 5 – Senda Costera

Comenzaremos esta ruta en el Puente de Pontejos, sobre la Ría de Astillero y enfrente de esa localidad, con la que los pontejanos han estado siempre muy vinculados. Hasta la construcción del Puente de Pontejos en 1966, una barca cruzaba la ría y comunicaba ambas localidades, aunque al parecer algunos vecinos también la cruzaban a nado cuando volvían tarde de las verbenas, a horas intempestivas en las que el barquero no trabajaba. Desde este antiguo embarcadero también veremos las grúas del astillero que continúa la histórica tradición de construcción naval que dio nombre al municipio vecino, existiendo también en Pontejos una tradición de carpintería de rivera que todavía perdura.

Iniciaremos el recorrido bajando por una rampa hasta el Pabellón Municipal de Remo “José Luis Valdueza”, que nos recuerda que en este municipio la tradición remera no se limita a Pedreña, puesto que Pontejos también ha contado con trainera en algunas épocas.

Aquí se inicia el paseo costero del municipio, que consta de seis tramos discontinuos que nosotros proponemos unir por medio de diversos enlaces, llegando hasta el Puerto de Pedreña.

Isla de Pedrosa (Pontejos)

Este primer tramo bordea el Barrio Las Callejas, orillando la ría y viéndose enfrente la Isla de Pedrosa, antiguo lazareto o sanatorio, unida a tierra por un puente, y actualmente convertida en península, destacando por su magnífico arbolado que casi oculta los pabellones. Sin embargo, el paseo no llega hasta allí, pues se interrumpe junto a un campo de fútbol, de manera que saldremos a la carretera que conduce a Pedrosa, por la que seguiremos a la derecha para encontrar en breve la carretera general de Astillero a Pedreña. Continuaremos por ella a la izquierda, a través del pueblo de Pontejos, hasta pasar frente a la Iglesia de San Juan Bautista, construida después de la Guerra Civil por haber sido incendiada la anterior, y las Antiguas Escuelas de Pontejos, construidas en 1923 con el patrocinio del Marqués de Valdecilla, indiano y filántropo trasmerano que también costeó varias decenas de grupos escolares más en distintos pueblos de la región, así como el hospital santanderino que lleva su nombre.

Justo después de pasar por delante de las escuelas, hoy convertidas en centro avanzado de comunicaciones, dejaremos la carretera y bajaremos a la izquierda hasta las instalaciones de la empresa “Carpepal”, junto a las que se inicia el segundo tramo del paseo costero. Inmediatamente encontraremos un observatorio de aves sobre la Marisma de Engoa o Pedrosa, valioso enclave ornitológico escondido en este oculto rincón de la Bahía de Santander, y donde varios carteles nos dan información sobre las especies que lo habitan o frecuentan.

Después seguiremos recorriendo este segundo tramo del paseo, el cual termina muy pronto, a la altura de la Fuente Repalacio, tras lo cual seguiremos a la izquierda, cruzando un regato y ascendiendo por una carreteruca que bordea una finca sombreada por abundante arbolado. La subida culmina el Barrio Otero, situado en alto como indica su nombre, y donde encontraremos el Parque Matías Laza, una agradable área recreativa con mesas, juegos infantiles, parrillas, paneles informativos, etc… así como una sencilla ermita levantada hace pocos años sobre las ruinas de la antigua iglesia parroquial de San Juan Bautista, que fue incendiada durante la Guerra Civil. Enfrente también veremos la Casona de Gómez Herrera, del siglo XVIII, con destacada portalada y escudo, siendo una de las más antiguas de Pontejos.


Casona de Gómez Herrera 

Ahora giraremos a la izquierda, atravesando el barrio y yendo a la izquierda en otra bifurcación, para pasar junto al cementerio de Pontejos y descender de frente hacia la orilla de la Bahía de Santander, donde retomaremos el paseo litoral.

Este tercer tramo se denomina de La Campanuca, en referencia a una de las Islas de San Juan, concretamente la llamada Isla de La Campanuca, en la cual aparecieron diversos vestigios arqueológicos que indican su ocupación en época romana y medieval, siendo probable que existiera una ermita en esta última época. Durante la Guerra Civil sus cavidades y abrigos rocosos también fueron usados como refugio por algunos vecinos de Pontejos, pueblo que sufrió algunos ataques por haberse construido en él un campo de aviación, situado en una marisma rellena de la Ría de Tijero. Volviendo a La Campanuca, seguiremos por el paseo hacia la derecha, pues el ramal de la izquierda se termina muy cerca, y disfrutaremos de una
bonita panorámica de la Bahía de Santander y la ciudad al otro lado, caminando con facilidad hacia la Ensenada de San Bartolomé, que se adentra hacia el pueblo de Elechas.

Tras alcanzar las instalaciones de “Fleischmann Ibérica”, vamos a encontrar una carretera que nos lleva a Elechas por el Barrio La Raba, pero nosotros seguiremos a la izquierda, continuando por el paseo costero, que rodea el fondo de la Ensenada de San Bartolomé y se interrumpe nuevamente junto al cementerio de Elechas. Ahora pasaremos bajo el gaseoducto de la empresa “Dynasol” (antigua “Calatrava”), y subiremos de frente hacia el pueblo de Elechas, continuando a la izquierda en sucesivas bifurcaciones, por el Barrio Cardiro, para enfilar hacia la Punta de Elechas, saliente que se adentra en la Bahía de Santander. La carretera asfaltada termina en el Barrio El Urro, y tiene continuidad en una pista que discurre por lo alto de la loma, con magníficas vistas de la Bahía y, hacia la izquierda, Peña Cabarga y la ría de Astillero, con el telón de fondo de las lejanas pero majestuosas cumbres de Alto Campoo, Peña Sagra y Picos de Europa.

Antes de llegar al extremo de la Punta de Elechas encontraremos la continuación del paseo litoral, tramo conocido como del Urro y que muy probablemente sea una referencia toponímica a unos de los islotes aledaños, la Isla de la Hierba a la izquierda y la Isla de Marnay o de los Ratones a la derecha, denominándose también “urros” a este tipo de islotes en la cercana costa de Liencres. En realidad esta curiosa palabra está emparentada con topónimos como Los Urrieles o Urriellu en los Picos de Europa, o las famosas “urrias” o peleas juveniles a pedradas que antaño se hacían en los barrios de Santander, todos los cuales tienen en común un indudable componente pétreo.

Volviendo a nuestro tranquilo paseo litoral, el camino gira hacia el norte, dando vista al resto de la bahía y a la Península de la Magdalena, y luego hacia el este, descendiendo sinuoso hacia la zona de La Junquera, donde se ubica el Campo de Golf Municipal, uno de los tres campos de golf existentes en Marina de Cudeyo, siendo los otros el célebre Real Golf de Pedreña, el más antiguo y famoso, cuna deportiva del campeón Severiano Ballesteros, y el tercero el de Ramón Sota, situado en el pueblo de Agüero.


Campo de Golf Municipal de la Junquera 

El paseo continúa bordeando la bahía y gira bruscamente a la derecha al final del golf, en la Punta de Juncos, encontrando una subida de acceso a la carretera y pueblo de Pedreña. Sin embargo, nosotros vamos a seguir por el paseo hacia la izquierda, hasta alcanzar una estación depuradora en la que nuevamente se interrumpe el paseo litoral en la zona de Peña la Arena, lo que nos obliga a subir por un camino asfaltado hacia el Barrio El Monte y girar a la izquierda, hasta llegar junto a una capilla en ruinas.

Allí se retoma el último tramo del paseo costero, que bordea los arenales pedreñeros hasta los grandes edificios blancos que nos indican la proximidad del Puerto de Pedreña, en donde terminamos esta travesía por la costa de Marina de Cudeyo.

En realidad sólo habremos recorrido una parte del extenso litoral del municipio, que también incluye las zonas interiores de la Ría de Tijero, al sur de Pontejos y Gajano, al pie de Peña Cabarga, así como la ría de Cubas, que separa Marina de Cudeyo de Ribamontán al Mar y al Monte. Volviendo a Pedreña, no hace falta recordar que este pueblo es famoso en toda España por su tradición en las regatas de traineras y en el golf, así como por sus mariscadoras, existiendo en el pueblo varios restaurantes, asadores y bares en los que reponer fuerzas después de esta bonita ruta de senderismo.

Para volver a Pontejos podremos usar un autobús de línea, taxi o desandar lo andado, existiendo también la posibilidad de cruzar la Bahía de Santander en una de las “pedreñeras”, que es como se conoce popularmente a estas lanchas que comunican regularmente Santander con Pedreña, Somo o El Puntal.